El viento soplaba de forma delicada, cada mota de polvo ondeada en el tiempo dibujaba alegres figuras en la nada. Los pájaros luchaban con tesón y perseverancia para cambiar su rumbo y las flores bailabann alegremente la melodía del sol. Anaranjados rayos que coloreaban verdes praderas con reflejos de fuego, rico olor a flores y esa brisa, como mano de dios, que rozaba mi rostro.
Allí me encontraba yo, muribundo y atolondrado, pensando en miles de cosas, teniendo miles de ideas pero dejando escapar cada haz de lucidez en mi memoria. Observando había aprendido infinidad de cosas. Ahora podía ser yo el que se preguntara el ¿por qué? de la caida de una manzana.