Sentado en la más alta piedra de aquel bello lugar contemplo las estrellas. Esbozando una sonrisa en mi cara y acariciando el breve fluir de la arena puedo contemplar el más bello cielo, el más ínfimo universo y el placentero resplandecer argéntico de la luna. Ahora que comprendo el lenguaje del mundo, ahora que sé como hablan las estrellas y como se comunica la luna, puedo ser lo que yo quiera. Tengo alma y todas las cosas la tienen, pero todo tiene un alma diferente que habla el mismo lenguaje, el lenguaje universal. Hoy quiero realizar mi viaje astral, sentado en el desierto quiero ser una estrella que conoce el universo, quiero conocer nuestro sistema solar, ver Júpiter, observas Venus y hablar con Plutón. Solo tengo que convencer al sol para que me de fuerzas para convertir mi alma en el de una estrella.-Sol tú que me conoces y sabes de mi poder, haz de mi una estrella y déjame volar, déjame ser tuyo por un solo día.-
La sonrisa del chico proyectaba en el cielo su visión panorámica del universo. Su movimientos de felicidad que imitaban el volar de un ave daba señales de su orgía mental. Él ahora era una estrella, él volaba libre entre el vacío oscuro y espeluznante del universo. Ese chico nos podrá contar como una estrella le enseñor a amar, como Plutón le hablo del sol, y como Júpiter ama a Venus. Solo él sabe el secreto del mundo, solo él conoce el secreto del universo y el alma del sol.
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