Arduo recinto otoñal, preciosos cantos de pájaros del lugar, hojas mustias que caían divagando con el roce del viento y verde cesped en sus pies. Allí hallábase tranquilo y anonadado un joven de rizados cabellos y complexión fuerte. Agarraba un viejo colgante élfico de cuero y esmeraldas piedras. Llevaba una bonita camisa de cuadros negros y blancos, calzaba unas finas sandalias de cuero y elegantes gafas negras. Su cuerpo encorvado y fresco descansaba en aquel rico césped. Tenía el móvil en altavoz y se escuchaba una rica melodía indie. Melódicas letras y bonitos solos de guitarra acústica. Sonrisa dibujada en su rostro y calamitosas expresiones de felicidad.
Momentos después se acercaba a su persona una elegante y guapa muchacha de cabellos morenos y esculturado cuerpo. Gran sonrisa y elegante ropa informal. Sin que el chico la viera, agarró su mano y besó sus labios mientras que el rostro del fornido chico comenzaba a deslumbrar aquel bello lugar.
Seguido de un fuerte abrazo ambos fundieron su amor y disfrutaron el momento como si fuese el fin de sus vidas. Apollando su fino rostro en el marcado pecho del muchacho, la chica acariciaba su cuerpo y sentía el gran amor que se respiraba en el ambiente. Sacó de su mochila una gran cámara negra de aspecto profesional y sin más dilación le propuso a su media naranja una bonita foto para recordar aquel momento. Risueños rostros, poses naturales y buena temperatura de tarde otoñal que quedaba completando con un buen encuadre y una ligera desaturación en sus colores. En la foto podíamos observar como la chica dejaba caer su cuerpo en el pecho del encantador muchacho mientras que el muchacho se dejaba caer ligeramente mientras posaba sus manos en el cesped. Bonito contraste el ofrecido por la colorida camiseta de la chica y la repetitiva camiseta de su acompañante. Un bonito instante plasmado para siempre.
Aún ahora recuerdo aquel instante, todavía puedo transportar mi alma en el tiempo para sentir aquellas caricias, para notar el amor que envolvía mi cuerpo. Hay momentos que no deberían de acabar nunca, momentos que pudieramos guardar en frascos de cristal y disfrutar con cada apertura del recipiente. Yo guardaría aquel momento para siempre, para poder disfrutarlo cada noche de mi vida. Mi único consuelo es que ella aún sigue a mi lado, quizás estas sean mis últimas palabras de vida, pero me reconforta saber que escribo esto sintiendoo el latir de su corazón en mi pecho, saber que si mi último suspiro expira en unas horas, será su corazón el que lo convierta en un bonito recuerdo. Larga vida la que disfruté a su lado, profundos momentos los que viví y rico amor que se cerró en aquella tarde de otoño en la cual su corazón me fue entregado. Ahora en forma de palabras os entrego mi recuerdo pero no su corazón que me lo llevo del mundo material como mi propio fraquito, delicado y de cristal. Para cada noche que no pase a su lado, poder recordar su calor y su amor. Viendo que mi vida llega a su fin, doy gracias al destino por conocer tan bella persona, por hacerme tan placentero como el más perfecto círculo.
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