miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sísmica natural

Cálidos berridos sísmicos vibraban en mis pies. Sentado en el suelo con la mirada perdida y mis manos apoyadas en la calida arena de playa sentía como la actividad volcánica se cernía en mis alrededores. Dejándose caer mi espalda en el cálido paisaje disfrutaba cada temblor como el más placentero masaje. El vibrar de las piedras entre sí componían una rica música que yo seguía con el mover de mis dedos. Pájaros e insectos se movía como si fuese el final mientras yo, allí sentado, solo esperaba que aquello durara más y más. Mis pupilas dilatadas cual efecto de una droga reflejaban mi estado de éxtasis y felicidad. La soledad de aquel paraje no era mas que una recompensa por una vida muy dura.

Según los expertos del lugar, la vida en mi isla estaba cerca a su fin. Pero yo seguiría allí en el único lugar donde mis penas expiraban, mis dudas se perdían y mis sentimientos se expandían en la inmensidad del océano. Notaba en mi corazón como las pulsaciones se aceleraban con cada movimiento terráqueo, como mi ser predecía que le quedaba poco tiempo de vida.

Veo el fin, está muy cerca, pero aquí seguiré para convertirme en polvo, para ser de nuevo lo que la madre naturaleza quiera que sea. Yo no replicaré mi nuevo cuerpo, ni desearé vivir de nuevo. Cada uno tiene una vida, mejor o peor de lo deseado, pero la tiene. Eso de tener una vida es un gran premio que no sabemos apreciar, el poder amar, el poder ver, el poder sentir, el poder ser. No desees lo que no tienes, o lo que no podrás tener, lo que se no ha otorgado llegará a nosotros sin más. Acepta la realidad, vive tu vida y sobre todo, sé tu mismo, no otro. Deja a los sueños en su lugar.

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